La celebración de la Asunción de la Virgen María no solo recuerda la advocación que dio nombre a la Nueva Guatemala de la Asunción, sino también una historia de transformación que quedó grabada en piedra, concreto, murales y esculturas.
Tras los terremotos de Santa Marta de 1773, el traslado de la capital abrió una nueva etapa que comenzó oficialmente en 1776 y, con el paso de los siglos, encontró una de sus mayores expresiones en el Centro Cívico.

Entre las décadas de 1950 y 1970, Guatemala impulsó un proyecto urbano sin precedentes en Centroamérica. Pero su grandeza no estuvo únicamente en la arquitectura: artistas, escultores y muralistas dieron identidad a sus edificios y espacios públicos, integrando el arte como una parte esencial del paisaje urbano.

Sus obras transformaron fachadas y plazas en relatos visuales sobre la historia, la cultura y las raíces del país. El concreto dejó de ser un simple elemento constructivo para convertirse en soporte de símbolos, formas y expresiones que dialogan con la identidad guatemalteca.

El Centro Cívico, declarado Patrimonio Cultural de la Nación, representa así el encuentro entre arquitectura y creación artística.

En sus espacios conviven instituciones financieras, administrativas y culturales, pero también permanece el legado de quienes imaginaron una ciudad moderna sin desprenderla de su memoria.

En cada mural, escultura y relieve vive una parte de Guatemala: la visión de artistas que ayudaron a construir no solo edificios, sino una identidad que continúa hablando a las nuevas generaciones.
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