La rutina diaria quedó prácticamente suspendida este lunes en Nueva York, donde un potente ciclón bomba cubrió la región con acumulaciones históricas de nieve, transformando calles, avenidas y barrios enteros en un paisaje inmóvil, silencioso y completamente blanco.

A media mañana, la tormenta seguía descargando con fuerza. En Central Park se acumulaban más de 38 centímetros de nieve, mientras que en sectores de Long Island las cifras superaban los 56 centímetros. En general, el área metropolitana registró entre 30 y 46 centímetros, aunque el punto más afectado fue Islip, en el condado de Suffolk, con cerca de 57 centímetros.

La magnitud del fenómeno superó ampliamente la gran tormenta del mes pasado, que dejó unos 28 centímetros en el parque neoyorquino. Si el total final supera los 53 centímetros, el evento podría ubicarse entre las cinco nevadas más intensas registradas en la historia de la ciudad. El récord absoluto se mantiene en aproximadamente 70 centímetros, establecido en 2016.
Autos sepultados y movilidad colapsada
La acumulación fue tan extrema que numerosos vehículos quedaron completamente enterrados bajo la nieve, invisibles bajo densas capas blancas que borraron su silueta. En muchos barrios, las aceras desaparecieron por completo, obligando a los peatones a desplazarse con dificultad, levantando cada paso con esfuerzo entre montículos compactos que superan la altura de las rodillas.

Impacto regional y apagones masivos
El impacto del sistema invernal se extendió por toda la región. En el condado de Monmouth, en Nueva Jersey, considerado el núcleo de la tormenta, se registraron cerca de 61 centímetros de nieve, según el Servicio Meteorológico Nacional. La ventisca estuvo acompañada por ráfagas cercanas a los 97 km/h, provocando cortes de energía para más de 250.000 personas en la costa este, incluidas más de 100.000 en el área neoyorquina.

Ante la magnitud del evento, la gobernadora Kathy Hochul declaró el estado de emergencia en los cinco distritos, Long Island y varios condados adicionales, mientras que todo el territorio de Nueva Jersey quedó bajo la misma medida preventiva.
Una metrópoli en pausa
Las calles de Brooklyn y Manhattan lucían inquietantemente vacías, con solo los quitanieves rompiendo el silencio tras la prohibición de circulación decretada desde la noche del domingo.

El impacto también se sintió en el transporte aéreo nacional: más de 5.500 vuelos fueron cancelados y otros 9.000 sufrieron retrasos, reflejando la dimensión de un fenómeno que, por varias horas, detuvo a la mayor metrópoli del país bajo un manto blanco implacable.








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