Nueva York amaneció bajo una nevada constante que marcó el inicio de una jornada crítica, dominada por el frío extremo y condiciones de alto riesgo. El termómetro se desplomó hasta –9 °C, pero el viento intenso empujó la sensación térmica a –16 °C, convirtiendo cada desplazamiento en un desafío para peatones y automovilistas.

Los esfuerzos de limpieza no dan abasto. La mezcla de sal y químicos aplicada por la ciudad resulta insuficiente ante la persistente acumulación de nieve, dejando calles, avenidas y carreteras cubiertas de capas resbaladizas. Puentes, accesos y vías secundarias figuran entre los puntos más peligrosos, mientras las autoridades insisten en evitar traslados innecesarios y conducir con extrema precaución.

El impacto del temporal también se siente en los cielos. Al menos 888 vuelos fueron cancelados en el noreste de Estados Unidos, profundizando el caos en los principales aeropuertos. JFK y Newark registraron 908 y 894 vuelos anuladosrespectivamente hasta las 7:30 a.m., a lo que se sumaron cancelaciones en LaGuardia, dejando a miles de pasajeros varados y con itinerarios inciertos.

Y lo peor aún no llega. Para la tarde-noche se prevé la aparición del temido black ice, una peligrosa mezcla de nieve y hielo casi invisible que convierte el asfalto en una trampa mortal. Con ráfagas de viento en aumento, el riesgo de accidentes crecerá de forma considerable.

Los servicios de emergencia mantienen activa la alerta invernal y recomiendan abrigo en capas, especial atención a adultos mayores y personas vulnerables, y seguir los avisos oficiales ante posibles cierres viales y nuevas interrupciones del transporte.








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