Portugal vuelve a la cima del fútbol europeo. En una final cargada de emociones, tensión y simbolismo, la selección lusa derrotó a España en la tanda de penales (5-3) tras igualar 2-2 en un duelo que enfrentó a dos épocas: el legendario Cristiano Ronaldo y la promesa Lamine Yamal.

El partido fue un choque vibrante de estilos y generaciones. España golpeó primero, pero los lusos, con carácter y experiencia, respondieron con contundencia. Aunque Cristiano no tuvo su actuación más lucida, su presencia fue determinante, marcando el gol del empate y liderando a su equipo en los momentos más difíciles.

Por el lado español, Lamine Yamal, la gran joya del futuro, tuvo una noche apagada. Poco participativo, no logró desequilibrar y fue sustituido antes del segundo tiempo suplementario. La presión de una final y el temple de los portugueses pudieron más.

Cristiano Ronaldo lo volvió a hacer. A sus 40 años, con lágrimas en los ojos y la bandera de Portugal en el alma, levantó la copa de la UEFA Nations League, guiando a su país hacia otro capítulo dorado en su historia futbolística.
En una final de alto voltaje ante España, el eterno capitán no necesitó brillar todo el partido para ser decisivo. Marcó el gol del empate, animó a sus compañeros, y cuando llegó el momento final, tomó la copa con las dos manos y la alzó al cielo, como lo ha hecho tantas veces, pero siempre como si fuera la primera.
Las cámaras lo enfocaron: emocionado, con el rostro iluminado y el corazón en la mano. Una imagen que quedará grabada en la memoria de los aficionados portugueses y del mundo entero.








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