Bajo una intensa lluvia y con el estadio Cementos Progreso completamente abarrotado de almas chapinas llenas de ilusión, la Selección de Guatemala escribió una página inolvidable al vencer 4-2 a República Dominicana en un partido cargado de emociones, errores, redención y fútbol puro.

El primer tiempo fue un golpe duro para los locales. La Bicolor salió desconectada, imprecisa y dubitativa.
Dos errores del arquero Nicholas Hagen dejaron al combinado nacional cuesta arriba y al borde del colapso. La afición, empapada pero inquebrantable, no dejó de alentar ni un segundo.
En el complemento, todo cambió. Óscar Santis, elegido merecidamente jugador del partido, fue el líder de la rebelión. Con un doblete cargado de potencia, precisión y carácter, encendió la chispa de una remontada inolvidable. Su actuación fue simplemente magistral.

La defensa se reordenó gracias a un firme Aarón Herrera, que apagó incendios cuando más se necesitaba. Y adelante, la conexión entre Aquimis Ordóñez y Oleguer Escobar fue una sinfonía de velocidad, técnica y entendimiento. Juntos, desarmaron a la zaga dominicana como si jugaran de memoria.

Guatemala no solo sumó tres puntos. Ganó confianza, recuperó su identidad y volvió a hacer soñar a su gente.








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