La esperada fumata blanca se elevó esta tarde desde la chimenea de la Capilla Sixtina, señal inequívoca para los fieles congregados en la Plaza de San Pedro y para el mundo entero: la Iglesia Católica tiene un nuevo Papa.

Minutos antes del histórico anuncio, se llevó a cabo el rito de aceptación en el interior de la Capilla Sixtina, conforme al Ordo Rituum Conclavis y la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis. El cardenal elegido fue consultado en latín sobre su aceptación como Sumo Pontífice y, al otorgar su consentimiento, se le pidió que eligiera el nombre con el que desea ser llamado.

Este momento fue registrado oficialmente por el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, quien actuó como notario en presencia de dos testigos.
Tras el cierre formal del Cónclave y la quema de las papeletas de votación, se produjo la tradicional señal de humo blanco, confirmando la elección ante el mundo. El nuevo Pontífice se dirigió entonces a la sacristía conocida como la “Sala de las Lágrimas”, donde se revistió con una de las sotanas papales dispuestas previamente.
Posteriormente, regresó a la Capilla Sixtina, donde recibió el saludo del Colegio Cardenalicio, proclamó el himno Te Deum y presidió una breve ceremonia litúrgica. En paralelo, el cardenal protodiácono Dominique Mamberti se dirigió a la Logia de las Bendiciones de la Basílica de San Pedro.

Desde allí, anunció con la fórmula tradicional: “Habemus Papam”, seguida del nombre elegido por el nuevo Obispo de Roma. Antes de su aparición ante los fieles, el nuevo Papa oró en silencio ante el Santísimo Sacramento en la Capilla Paulina. Luego, salió al balcón para dirigir su primer saludo al mundo e impartir la bendición apostólica Urbi et Orbi.
La elección del nuevo Papa marca el inicio de una nueva etapa para la Iglesia Católica, seguida con emoción por millones de fieles alrededor del mundo.








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